Clavadistas de Acapulco
En Yahoo Answer me encontre la pregunta siguiente: ¿Por que los Clavadistas de la Quebrada de Acapulco no Compiten en las Olimpiadas?. Los quebradistas de la Quebrada los habreís visto en Televisión alguna vez que otra. Se lanzan desde los Acantilados de La quebrada haciendo mortales o el Angel. Para llegar a la cima de la plataforma natural suben escalando el risco.
Los saltos desde La Quebrada se han convertido en casi una religión para los clavadistas de Acapulco, que aprenden desde niños a lanzarse al mar desde una roca a 35 metros de altura, mientras turistas entusiasmados los divisan desde barcos o desde alguna terraza.
El turista paga una entrada de doce dólares y las acrobacias se desarrollan en cuatro sesiones a lo largo del día. Una por la mañana, otra por la tarde y dos por la noche, donde los saltadores portan una antorcha en sus piruetas haciendo aún más vistoso el desafío.

La tradición de La Quebrada se remonta a 1934, cuando dos vecinos de Acapulco se retaron para demostrar su valentía. Ambos decidieron medir sus fuerzas arrojándose al mar desde lo alto de un acantilado, en un paraje que acababa de ser creado artificialmente al dinamitarse un cerro cercano. La rivalidad entre aquellos dos hombres desembocó primero en un espectáculo temerario, y después en una forma de ganarse la vida.
Aunque los clavados han evolucionado mucho, sus secretos siguen siendo básicamente los mismos. «El saltador debe dominar su miedo y también la altura», dice Ismael Carreón, el presidente de la comunidad de saltadores, «y eso sólo se consigue después de años de entrenamiento y estudio», explica. De hecho, los clavadistas se introducen en el oficio desde muy pequeños. Tan pronto como aprenden a nadar, los neófitos acróbatas se aventuran en el angosto canal para reconocer palmo a palmo su perfil, la profundidad, las corrientes y la cantidad de agua que entra con cada golpe del océano en la mítica lengua marina. Más tarde, se afanan en escalar las paredes que conducen a la plataforma de lanzamiento y, finalmente, encaran el salto desde diversas alturas.

Tras años de preparación, llega el momento de la alternativa. Los muchachos se encomiendan a una imagen de la Virgen que, enclavada en el horizonte de la roca, velará por ellos en cada pirueta. Un último trámite aguarda al primer gran salto: los chicos deben redactar una carta solemne a la comunidad, en la que solicitan realizar su primer clavado.En este sentido, Carreón recuerda algunos sucesos trágicos ocurridos hace ya varios años, cuando venía gente de muchos lugares a probar suerte sin disponer de la suficiente preparación. Muchos acababan desnucados o ahogados en el fondo del mar. «Ahora esto ya no es posible, porque mantenemos guardas de seguridad las veinticuatro horas del día custodiando la plataforma con el fin de que ningún desconocido se lance», explica el presidente. «Nunca murió ningún clavadista, sólo gente inexperta que no pertenecía a nuestra comunidad», se esfuerza en aclarar.






Aunque los saltadores esquiven a la muerte en sus caídas, su vida se puede convertir en un auténtico calvario. «Todos ponemos fin a nuestra carrera por las lesiones. Yo, por ejemplo, me ‘troncé’ una rodilla y se me perforaron los tímpanos de tantos golpes». No en vano, un saltador de unos 80 kilos de peso choca contra el agua a una velocidad superior a los 95 kilómetros por hora.
Entre los clavadistas que han pasado a la historia destaca Raúl García Bravo que sobrevivió 66 de sus 73 años lanzándose de plataformas de más de 30 metros de altura a estanques con menos de dos metros de agua. Es el más famoso de los clavadistas de Acapulco. Saltó del Golden Gate y desafió con éxito los 57 metros del Coliseo de Washington. En el libro Guinness figura como el clavadista más prolífico de todos los tiempos. Nadie rompió su marca de 37.349 clavados. Pero el estrés del oficio lo llevó a fumar cuatro atados de cigarrillos por día, hasta que, hace tres años, un infarto cerebral le borró parte de la memoria
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